domingo, 4 de marzo de 2012

ZALDUENDOS EN OLIVENZA

DESIGUALES.

LA PALABRA SABIA

GARCIGRANDES EN OLIVENZA


AYER EN OLIVENZA, TOROS DE GARCIGRANDE NOBLES Y MANEJABLES.

NOBLE. DEFINICIÓN DE LA RAE.
(Del lat. nobĭlis).
1. adj. Preclaro, ilustre, generoso.
2. adj. Principal en cualquier línea; excelente o aventajado en ella.
3. adj. Singular o particular en su especie, o que aventaja a los demás individuos de ella.
4. adj. Honroso, estimable, como contrapuesto a deshonrado y vil.

MANEJABLE. DEFINICIÓN DE LA RAE.
Que se puede manejar.

sábado, 3 de marzo de 2012

SEGUIRIYAS DE LOS PUERTOS. BOCHOQUE

Se cree que su nombre fue José Vargas Serrano y que nació sobre el 1870. La familia de los Bochoque y Los Micos sanluqueños fue la que mayor trascendencia cantaora tuvo en esa localidad. En el seno de ella florecieron personas tan importantes como María La Mica, Tío Frasco, La Mica, Pepa La Bochoca, Bochoque y Miguel el de Pepa, estos dos últimos hermanos. El único artista nacido hasta 1920 que grabó esta siguiriya y otras de Los Puertos fue Ramón Medrano, quien lo aprendió de Félix Serrano Medrano. Se trata de un cante de claro sabor sanluqueño, con tercios largos, ligados los dos últimos. Se hace con el reposo propio de los más añejos estilos portuenses (el de El Planeta, El Fillo 2 o Enrique El Mellizo 1, entre otros) y trianeros (Frasco El Colorao, La Josefa o Antonio Cagancho). Guarda asimismo algunas semejanzas con el cante atribuido a El Tuerto de La Peña, del cual puede que provenga. De todos modos, en éste de Bochoque los tonos de cabal son mucho más patentes que en aquél, al menos así es como se constata en las escasas versiones que de estos cantes nos han llegado. También se aprecian matices similares con Miguel el de Pepa 2, bien debido a que éste era hermano de Bochoque, o bien a causa de la personalidad de Medrano, su único difusor, que imprime a todos sus cantes un evidente primitivismo.

TEORÍA Y JUEGO DEL DUENDE. 2


Este "poder misterioso que todos sienten y que ningún filósofo explica" es, en suma, el espíritu de la sierra, el mismo duende que abrazó el corazón de Nietzsche, que lo buscaba en sus formas exteriores sobre el puente Rialto o en la música de Bizet, sin encontrarlo y sin saber que el duende que él perseguía había saltado de los misteriosos griegos a las bailarinas de Cádiz o al dionisíaco grito degollado de la siguiriya de Silverio.

Así, pues, no quiero que nadie confunda al duende con el demonio teológico de la duda, al que Lutero, con un sentimiento báquico, le arrojó un frasco de tinta en Nuremberg, ni con el diablo católico, destructor y poco inteligente, que se disfraza de perra para entrar en los conventos, ni con el mono parlante que lleva el truchimán de Cervantes, en la comedia de los celos y las selvas de Andalucía.

No. El duende de que hablo, oscuro y estremecido, es descendiente de aquel alegrísimo demonio de Sócrates, mármol y sal que lo arañó indignado el día en que tomó la cicuta, y del otro melancólico demonillo de Descartes, pequeño como almendra verde, que, harto de círculos y líneas, salió por los canales para oír cantar a los marineros borrachos.

Todo hombre, todo artista llamará Nietzsche, cada escala que sube en la torre de su perfección es a costa de la lucha que sostiene con un duende, no con un ángel, como se ha dicho, ni con su musa. Es preciso hacer esa distinción fundamental para la raíz de la obra.

El ángel guía y regala como San Rafael, defiende y evita como San Miguel, y previene como San Gabriel.

El ángel deslumbra, pero vuela sobre la cabeza del hombre, está por encima, derrama su gracia, y el hombre, sin ningún esfuerzo, realiza su obra o su simpatía o su danza. El ángel del camino de Damasco y el que entró por las rendijas del balconcillo de Asís, o el que sigue los pasos de Enrique Susson, ordena y no hay modo de oponerse a sus luces, porque agita sus alas de acero en el ambiente del predestinado.

La musa dicta, y, en algunas ocasiones, sopla. Puede relativamente poco, porque ya está lejana y tan cansada (yo la he visto dos veces), que tuve que ponerle medio corazón de mármol. Los poetas de musa oyen voces y no saben dónde, pero son de la musa que los alienta y a veces se los merienda. Como en el caso de Apollinaire, gran poeta destruido por la horrible musa con que lo pintó el divino angélico Rousseau. La musa despierta la inteligencia, trae paisaje de columnas y falso sabor de laureles, y la inteligencia es muchas veces la enemiga de la poesía, porque imita demasiado, porque eleva al poeta en un bono de agudas aristas y le hace olvidar que de pronto se lo pueden comer las hormigas o le puede caer en la cabeza una gran langosta de arsénico, contra la cual no pueden las musas que hay en los monóculos o en la rosa de tibia laca del pequeño salón.

Ángel y musa vienen de fuera; el ángel da luces y la musa da formas (Hesíodo aprendió de ellas). Pan de oro o pliegue de túnicas, el poeta recibe normas en su bosquecillo de laureles. En cambio, al duende hay que despertarlo en las últimas habitaciones de la sangre.

Y rechazar al ángel y dar un puntapié a la musa, y perder el miedo a la fragancia de violetas que exhale la poesía del siglo XVIII y al gran telescopio en cuyos cristales se duerme la musa enferma de límites.

viernes, 2 de marzo de 2012

CURRO ROMERO, MOSCÚ, PICOCO Y EL MIEDO

SIGUIRILLAS DE LOS PUERTOS. EL NITRI

El Nitri 1

Según Luis Suárez Ávila, Tomás José María de la Santísima Trinidad nació en 1850 y fue sobrino nieto de El Fillo. Este dato contrasta con el supuesto otorgamiento a El Nitri con la primera Llave de Oro en 1862, ya que hubiera tenido sólo 12 años. Este primer estilo atribuido a él lleva algunos rasgos de Curro Durse 1.



El Nitri 2

Este estilo comparte muchas características con El Nitri 1. Las pequeñas diferencias observadas pueden ser las contribuciones que han hecho los cantaores a lo largo del tiempo, o quizás Antonio Mairena, ya que ha sido el único en grabarlo.



El Nitri 3

Este estilo difiere del de Diego El Lebrijano sólo en la métrica. Luis y Ramón Soler hacen distinción entre los dos basándose en el evidente aire de liviana y cabal, estilos muy divulgados por El Nitri, y en la idea de que Diego El Lebrijano, seguidor de los cantes de El Nitri, agregara dos versos a este estilo de siguiriya. Los ayes con que se termina el penúltimo tercio llevan una subida muy parecida a la que se oye hacia el final de otros estilos portuenses como Perico Frascola, Diego El Lebrijano, Luis el del Cepillo y Juanichi El Manijero.

TEORÍA Y JUEGO DEL DUENDE. 1


Señoras y señores:

Desde el año 1918, que ingresé en la Residencia de Estudiantes de Madrid, hasta 1928, en que la abandoné, terminados mis estudios de Filosofía y Letras, he oído en aquel refinado salón, donde acudía para corregir su frivolidad de playa francesa la vieja aristocracia española, cerca de mil conferencias.

Con ganas de aire y de sol, me he aburrido tanto, que al salir me he sentido cubierto por una leve ceniza casi a punto de convertirse en pimienta de irritación.

No. Yo no quisiera que entrase en la sala ese terrible moscardón del aburrimiento que ensarta todas las cabezas por un hilo tenue de sueño y pone en los ojos de los oyentes unos grupos diminutos de puntas de alfiler.

De modo sencillo, con el registro que en mi voz poética no tiene luces de maderas, ni recodos de cicuta, ni ovejas que de pronto son cuchillos de ironías, voy a ver si puedo daros una sencilla lección sobre el espíritu oculto de la dolorida España.

El que está en la piel de toro extendida entre los Júcar, Guadalete, Sil o Pisuerga (no quiero citar a los caudales junto a las ondas color melena de león que agita el Plata), oye decir con medida frecuencia: "Esto tiene mucho duende". Manuel Torres, gran artista del pueblo andaluz, decía a uno que cantaba: "Tú tienes voz, tú sabes los estilos, pero no triunfaras nunca, porque tú no tienes duende".

En toda Andalucía, roca de Jaén y caracola de Cádiz, la gente habla constantemente del duende y lo descubre en cuanto sale con instinto eficaz. El maravilloso cantaor El Lebrijano, creador de la Debla, decía: "Los días que yo canto con duende no hay quien pueda conmigo"; la vieja bailarina gitana La Malena exclamó un día oyendo tocar a Brailowsky un fragmento de Bach: "¡Ole! ¡Eso tiene duende!", y estuvo aburrida con Gluck y con Brahms y con Darius Milhaud. Y Manuel Torres, el hombre de mayor cultura en la sangre que he conocido, dijo, escuchando al propio Falla su Nocturno del Generalife, esta espléndida frase: "Todo lo que tiene sonidos negros tiene duende". Y no hay verdad más grande.

Estos sonidos negros son el misterio, las raíces que se clavan en el limo que todos conocemos, que todos ignoramos, pero de donde nos llega lo que es sustancial en el arte. Sonidos negros dijo el hombre popular de España y coincidió con Goethe, que hace la definición del duende al hablar de Paganini, diciendo: "Poder misterioso que todos sienten y que ningún filósofo explica".

Así, pues, el duende es un poder y no un obrar, es un luchar y no un pensar. Yo he oído decir a un viejo maestro guitarrista: "El duende no está en la garganta; el duende sube por dentro desde la planta de los pies". Es decir, no es cuestión de facultad, sino de verdadero estilo vivo; es decir, de sangre; es decir, de viejísima cultura, de creación en acto.